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Decoración campestre

Un refugio a orillas del Duero

Guiados por la mezcla de los embriagadores perfumes de las flores, llegamos a casa de Susana. Abrazado por la espesura de la naturaleza, su refugio rural en Quintanilla de Onésimo, en la provincia de Valladolid, es el paradigma del descanso campestre. Nuestra lectora admite que esta construcción es la viva imagen de un sueño que llevaba dibujando desde los 14 años. Tras mucho tiempo de estudio y de planificación, por fin el proyecto se materializó. El resultado fue una propiedad donde la piedra y la madera se funden con la naturaleza.

 

La casa logra un equilibrio estético ejemplar entre exteriores e interiores. Su estructura se compone de un nivel inferior al suelo donde se ubican la cochera y la bodega, los rincones donde mejor se disfruta del verano. El primer piso es una zona elevada a medio metro del terreno, con el fin de aislar la temida humedad. Por último, la segunda planta está abuhardillada, así que ya podemos intuir la presencia de las vigas de madera, elementos rústicos por excelencia.

 

La orientación y la distribución de las habitaciones han sido tan finamente hiladas, que parece imposible perderse. Susana nos explica que la cocina está al lado de la entrada y del comedor, justo enfrente de la subida a la cochera. El salón recibe los rayos del sol al estar orientado al sur y al oeste. En cuanto a los dormitorios, dos de ellos amanecen por la mañana envueltos en la calidez del astro rey, pero con el otro no hubo más remedio que dejarlo de cara al norte, si bien una ventana al sur permite aprovecharse de una temperatura agradable.

Los exteriores de la vivienda son un verdadero paraíso. Por las instantáneas, deducimos enseguida la afición de nuestra amiga por el mundo de las plantas. El universo paisajístico dota a la atmósfera de un aroma inconfundible y de unas vistas que sólo imaginábamos en los cuentos de hadas.

La solidez de la edificación es absoluta. Los muros y fachadas combinan materiales de calidad y procedimientos eficaces: termoarcilla, entramado de madera con enlucido de cotegran, piedra caliza segoviana, aislantes, etc. Las puertas son de madera maciza y las ventanas son de PVC tipo climalit.

El hecho de que el nivel intermedio esté elevado medio metro por encima del suelo facilitó en gran medida determinados aspectos. En este sentido, Susana admite que esta ventaja permitió que el tiro de la chimenea, que da calor al salón y al comedor en invierno, tuviera una entrada de aire por la parte inferior.

El techo del salón es de doble altura y posee el encanto de las cubiertas inclinadas. En el mismo espacio convive un merendero. Uno de los detalles más singulares es que la televisión está colocada en un lugar estratégico: con un giro, ésta se orienta hacia el comedor o hacia la zona de tertulia.

Una vez atravesamos la puerta de entrada, percibimos el gusto de los habitantes por lo entrañable y lo bucólico. Piezas del rústico de toda la vida comparten escenario con accesorios de corte moderno. La actualización del estilo de las casas de campo ha sido sabiamente entendida y aplicada en cada rincón.

En cuanto camines por el dormitorio principal, caerás rendido a la ternura de su cromatismo pastel. La forja y la madera son una pareja de enamorados que vuelven a ponerse al servicio de la sutileza. Los tejidos livianos y estampados contribuyen a que esta historia de amor dure para siempre.

El entramado de vigas, los muebles y los armarios en madera clara, la grifería de bronce, el azulejo blanco mate y el dulce tono rosa de las paredes convierten a la cocina en un rincón lleno de romanticismo. Además de disponer de una alacena, esta estancia incluye un pequeño office.

Los baños siguen la línea de estilo predominante, adornados con delicadas cenefas rústicas de temática floral que recorren el marco de los espejos, las paredes, los lavabos y los muebles que los sustentan. Ambos aseos juegan con el verde: uno con los textiles y complementos y otro con el pistacho de la pared.

El alféizar de una ventana puede transformarse en el mejor museo al aire libre. Sobre los mismos, Susana ha situado artículos dispares que van desde las botellas que actúan de portavelas hasta las calabazas en miniatura. Otras antigüedades, como un viejo tocadiscos, recuerdan a la dueña sus lazos con el pasado.

El verano es menos agotador si tenemos un lugar fresco a cubierto. En uno de los porches hay un conjunto de mesa y sillas en el que pasar la tarde jugando a las cartas o comenzando una amena conversación sin un final programado. La sensación de sosiego puede detener el tiempo en este mágico lugar.

Agradecimientos: Susana Vaquer, lectora del canal de Decoración de facilisimo.com

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