A finales de verano recibí un email de Sonia, necesitaba reorganizar su casa y sola no se veía capaz de hacerlo. Así que una tarde quedamos y fui a conocerla. Ella vive con su hija pequeña y ambas me recibieron con amabilidad y mucha curiosidad.
La vivienda era un piso de unos 80 m2 con tres habitaciones, dos baños, cocina y salón. Lo primero que me llamó la atención en mi análisis fue que había algunas zonas de la casa que no estaban aparentemente desordenadas, y otras sin embargo sí lo estaban. Es decir, que seguramente Sonia no era una persona desordenada, pero necesitaba ayuda para ordenar, había llegado a un punto que ella sola no podía afrontarlo.
Realmente en esa primera visita percibí que mi trabajo estaba muy localizado, y que no habría necesidad de actuar a la vez en varias zonas de la casa de una forma orgánica e integral, ya que cada habitación contenía las cosas que en ella debían estar. Esas cosas sólo estaban desorganizadas, aprovechando mal el espacio -que era grande pues había muchos armarios para ellas dos solas- y acumulando demasiados objetos que ya no se utilizaban.
Realicé mi informe en el que detallaba qué íbamos a hacer para conseguir que volviese a encontrarse a gusto en su casa, y quedamos para empezar a trabajar en septiembre, después de la vuelta al cole y del fin de las vacaciones. ¡Siempre es un buen mes para poner un poco de orden y con cierto!
DE “CUARTO DE LOS HORRORES” A DESPACHO:
En mi primera sesión trabajamos lo que para ella era el principal quebradero de cabeza y foco de desorden: el despacho -o lo que a veces llegamos a llamar “el cuarto de los horrores”-. La intención original era que fuese una habitación destinada a guardar los papeles de la casa, libros de estudio, y lectura, donde estuviese el ordenador, etc. Pero con el paso del tiempo y los cambios de la vida se había acabado convirtiendo en el desván de la casa.
Ahora la hija de Sonia tenía ya una edad en la que necesitaba tener una zona de trabajo para ella separada de la habitación de jugar y dormir. Así pues el objetivo estaba claro: devolver al espacio la funcionalidad inicial y además incorporar una mesa para que Isabel pudiese también estudiar y hacer sus trabajos del colegio. Un espacio compartido para las dos. En dos días de trabajo lo conseguimos.
Las imágenes son del estado original. En este caso no tuve ocasión de hacer imágenes del después pero intentaré conseguirlas y os las enseñaré para que veáis el efecto.
LA COCINA:
Lo siguiente fue la cocina, donde nos centramos en hacer una reorganización de los armarios y una limpieza de utensilios. Aunque en mi primera visita aparentemente el foco de desorden de la cocina estaba en una parte de la encimera donde se iban colocando papel, medicamentos y todas esas cosas que entraban en casa y no tienen sitio -y tampoco se les busca realmente-, me di cuenta que en los armarios también había desorden más que desubicación.
Almacenaban una gran cantidad de cosas que ya no utilizaba, así que vaciamos todo, recolocamos, creé una zona de desayuno, rebusqué los táperes que estaban en lo alto de un armario, y despejamos el foco de desorden de la encimera. En el despacho -que estaba más cerca de la entrada- había habilitado una zona para poder dejar todo eso de forma ordenada.
LA HABITACIÓN PRINCIPAL:
Tiene un armario muy grande donde encuentras toda la ropa colgada en lugar de almacenada, esto es una ventaja. Como practica mucho deporte concentramos toda la ropa destinada a ello en un mismo espacio para facilitarle su uso, y en el resto simplemente me limité a ordenar algunos cajones doblando en vertical y colgando en oblicuo, de paso hizo una pequeña limpieza de ropa que nunca viene mal.
EL BAÑO:
En el baño nos centramos en las medicinas que había acumulado y de las que gran parte estaban caducadas, y una gran cantidad de pequeños neceseres donde guardaba muchas cosas que no utilizaba. Como también había suficiente espacio, pudimos reordenar sin necesidad de reubicar, manteniendo los lugares iniciales que ella había elegido para cada cosa, aunque colocados de una manera más ordenada y accesible.
Cuando terminé mi trabajo la satisfacción era mutua: Sonia por haber conseguido hacer frente a situaciones y recuerdos del pasado que le impedían emocionalmente avanzar, y mía por haberla ayudado a hacerlo. Habíamos conseguido que la casa estuviese más ordenada y mejor organizada.
Si crees que como Sonia no puedes afrontar sola la desorganización a la que ha llegado tu casa, necesitas el orden para poder avanzar y encontrarte a gusto en ella. Entonces llámame, un organizador personal te ayuda a dar ese paso, y te muestra la forma en la que puedes conseguir mantener el orden de una manera más permanente. Este mes hay un 20% de descuento para los suscriptores de mi web que estén interesados en que realice una primera visita para asesorarles.
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