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Decoración armoniosa

Un dúplex lleno de personalidad

Un entorno incomparable sirve de carta de presentación al dúplex de Irene Silvestre. Ubicado en Polinyà, un municipio con grandes expectativas de crecimiento muy cercano a la Ciudad Condal, el hogar que habita nuestra lectora junto con su marido fue analizado a conciencia con el fin de descubrir todas sus posibilidades decorativas. El resultado no podía haber sido más positivo.

 

La preocupación principal de Irene radicaba en el respeto por el equilibrio, evitando la sobrecarga de elementos y distribuyendo armónicamente tanto el mobiliario como los complementos. La excesiva luminosidad que recibe la casa debido a su orientación hacia el sur obligó a contrarrestar utilizando la herramienta del color, vistiendo las paredes de un delicado tono marrón.

 

La búsqueda de la calma queda patente en cada rincón. Una sosegada fluidez caracteriza a unos espacios perfectamente distribuidos en los que ha primado el gusto por el orden, por los muebles sencillos y por los detalles exclusivos. La inspiración natural reina a la hora de hacer un repaso a los materiales, mientras que los objetos adquiridos en viajes y mercadillos conceden a la ligereza del conjunto un matiz ciertamente especial.

Cuando se cuenta con poca superficie y una distribución rígida, debemos recurrir a la imaginación. El frente de muebles en el que están dispuestos fogones y fregadero era insuficiente para Irene, que necesitaba más espacio de almacenaje y un office. Rematando la encimera con un soporte adecuado y sustituyendo los muebles bajos por unos taburetes, finalmente lo consiguió.

Dos metros cuadrados condicionan la sensación de amplitud, pero el juego cromático facilita nuestros fines. Al revestimiento de las paredes del aseo le decora una cenefa verde que combina con el pavimento. Aprovechando esta bella tonalidad, la propietaria decidió colocar un lavabo de cristal en el mismo color, logrando armonizar todo el conjunto. El resultado ha sido magnífico.

Para lograr una cálida bienvenida, nada más adecuado que marginar todo lo superfluo del recibidor. En este sentido, las depuradas formas del espejo, la balda y los jarrones son un claro reflejo de elegante sencillez. Mención de honor merece el aplique de hierro forjado sin tratar y tallado a mano, adquirido en Marruecos. Existen otros apliques gemelos en el pasillo y en la escalera.

Un armario blanco de melanina de cuatro cuerpos cubre una pared entera de la habitación. La ropa de otra temporada y otros útiles de la casa son guardados aquí cumpliendo las exigencias del orden. Dos pantallas encierran los puntos de luz, mientras que el sol se filtra por un estor de lino y estampado floral, combinando con el tapizado del pequeño taburete de forja.

El principal problema con el que se encontró Irene a la hora de concebir el ambiente del salón fue la forma totalmente cuadrada del mismo. Sin embargo, una elección exquisita de materiales y complementos solucionó el inconveniente. Tuvo lugar una pequeña reforma: se bajó el techo 15 cm. para empotrar los halógenos y, de paso, ocultar el mecanismo de cierre y apertura de la cortina.

El blanco es el color más luminoso y ligero que existe. En este sentido, la elección de Irene era evidente: un sofá claro concedería al salón una sutileza perfecta. La funcionalidad añadida de convertirlo en cama es la solución ideal para las visitas. Por otro lado, la mesa de centro luce unas bandejas traídas de Méjico, mientras que el cuadro es parte de la herencia familiar.

La resistencia y dureza del rattan lo convierte en un material excelente para la fabricación de mobiliario para toda la casa, no sólo para exteriores. Esta fibra natural proveniente de las palmeras es la que conforma el pequeño comedor con una mesa y cuatro sillas, concediendo un matiz muy natural a la estancia. En la siguiente foto, podemos apreciar las líneas delicadas de la lámpara principal del salón.

Otro de los objetos heredados es la vajilla marrón que el blanco de esta estantería de 16 espacios simétricos resalta enormemente. Irene descartó la alacena de madera para tal menester porque el menaje no se mostraría en todo su esplendor; así que colocó en la citada alacena la cristalería. Encima de la estantería blanca observamos las cajas de colecciones de relojes y abanicos, además de un par de marcos y un tarro pintados a mano.

El dormitorio es toda una delicia para los sentidos. Para comenzar, mencionaremos los dos apliques de yeso que coronan el cabecero y que complementan la luz central de la lámpara del techo. Hablando del cabecero, éste es auténticamente artesanal: se tomó una puerta corredera del antiguo armario y se forró con guata y moqueta de rafia. Las mesillas de noche que flaquean la cama están decoradas con varios detalles.

El armario empotrado de puertas correderas fue sustituido por un modelo más clásico. Igualmente, se añadieron molduras y se cambiaron los tiradores por llaves. El maniquí fue adquirido en una tienda de antigüedades y es uno de los talismanes ornamentales de Irene. Otras pinceladas de lujo son el gran espejo lacado en blanco y un pequeño galán a los pies de la cama.

La dueña de la casa no desterró la bañera del aseo principal por expreso deseo personal, a pesar de las reducidas dimensiones del cuarto. La encimera y el lavabo son originales, pero el mueble que los sustenta fue adaptado. Es liso y sin tiradores, siendo fiel a la discreción. La grifería también es nueva: la funcionalidad del monomando comulga con la elegancia de la porcelana blanca.

Disponer de una zona exterior en la vivienda es toda una ventaja de cara al buen tiempo. Esta vivienda tiene dos terrazas: la que esta orientada al norte tiene dos tumbonas de teca y un puff de rafia. El solarium de la cara sur dispone de una mesa y cuatro sillas plegables, constituyendo un rincón ideal para los desayunos de verano y las cenas con amigos. La afición de Irene por la jardinería se refleja en un cuidado y particular estanque.

La primera imagen de la buhardilla es un sofá esquinero en blanco. En este mismo ambiente, había un hueco de un metro de profundidad en el que se encastró un mueble para la televisión que fue encargado a un carpintero. La madera del mismo es wengué, los frentes de puertas y cajones son listonados y los tiradores tienen forma de concha. Esta estancia cuenta también con un mueble para el ordenador y un baúl adornado con velas y candelabros.

Agradecimientos: Irene Silvestre, lectora del canal de Decoración de facilisimo.com

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