Son dos ambientes diferentes pero están tan fusionados que parecen un sólo espacio. El mismo suelo de baldosas, el mismo mueble exento que empieza en el salón y termina en el patio (destaco lo funcional que resulta en éste último porque sirve de banco), sofá y cojines con la misma textura y color ... lo cierto es que se crea un fantástico efecto visual que agranda el salón. La cristalera sin perfiles es la encargada de dividir los dos espacios cuando es necesario y la artífice del chorro del luz que entra a través del patio. En definitiva, un salón elegante y cómodo donde la gran chimenea de piedra, la estantería suspendida y la iluminación indirecta son las notas de diseño en un salón original y minimalista, que a pesar de ello resulta muy acogedor.
Publicado con permiso de Desire to inspire